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Del Revés

Una de las bondades de la película Del Revés es que consigue acercarnos el mundo de las emociones de una manera sencilla y amena, pero pensando con detenimiento siento que hay una serie de avisos que nos envía que también son bastante útiles para nuestra vida diaria.
En la película como en la vida real todas las emociones son importantes y todas son necesarias. No todo es alegría ni todo tiene que ser siempre un pensamiento positivo que algunos parecen empeñados en forzar. A veces el asco o la ira son necesarios. Y es que hay veces en que sobran los motivos para sentirse incómodo, molesto o incluso enfadado. En la consulta suelo encontrarme con que en muchos conflictos personales suele haber una ira oculta que nos resulta difícil de ver porque generalmente tendemos a negarla. Si en lugar de eso la aceptamos y aprendemos a canalizarla muchos de nuestros conflictos podrían resolverse. Lo mismo pasa con el miedo, que últimamente parece que tener miedo es no querer “salir de tu zona de confort” y por tanto tener un problema. Pues no, a veces tener miedo es de sentido común, y el hecho de permitirnos sentir miedo, sea porque nos sentimos débiles o frágiles ante algo o alguien que nos pueda hacer daño, nos hace más humanos y menos nos limita. Resulta clave trabajar ese miedo, saber canalizarlo, pero para ello hay que aceptarlo antes. Y qué decir de la tristeza. No en vano ocupa un lugar vital en la película y no creo que haga falta extenderse en ello. Irónicamente, darnos permiso para sentirnos tristes y mostrar nuestra pena a los demás puede ser la diferencia, como bien demuestra la película, entre un final triste y un final feliz. Por último, una idea que también me parece muy bien llevada es la de que los recuerdos pueden estar relacionados con varias emociones y que esto puede cambiar con el tiempo. De hecho, parte de nuestro crecimiento personal se fundamenta en ello. No podemos cambiar nuestro pasado, pero si ver situaciones ya pasadas desde puntos de vista diferentes, ampliar la visión. Y eso en cierta forma implica reescribir nuestra historia, generando nuevas emociones que incluso pueden llegar a liberarnos de situaciones pasadas que creíamos que forzosamente solo tenían una forma de interpretación posible. Y es que los hechos no hablan, hablamos y sentimos nosotros por ellos. Germán Diz. Psicólogo y psicoterapeuta.


Germán Diz
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