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Expresar lo que siento

A veces me encuentro en la consulta con personas que temen decir a los demás aquello que les ha dolido o no les ha gustado porque temen molestar, y ante dicho miedo, optan por callarse.
Inicialmente puede parecer útil ya que se ha evitado un posible conflicto. Sin embargo el conflicto suele quedar oculto, que no es lo mismo que solucionado, la persona que se calla se ha guardado ese daño. Como el conflicto ha quedado oculto pero no solucionado, puede ocurrir que nos comportemos con la otra persona como si nos debiera algo por aquella mala situación que nos hizo pasar, y lo que es peor, sin que la otra persona lo sepa. Finalmente, tampoco hemos aprovechado esa oportunidad para aprender a gestionar el posible conflicto, el cual permanecerá escondido y no sabemos si más adelante volverá a aparecer. No resulta fácil decir a la otra persona que nos sentimos mal por algo que nos ha dicho o que algo que ha hecho no nos ha gustado. Y esto suele ser debido a que solemos estar acostumbrados a comunicarnos dirigiéndonos únicamente a la otra persona, sin mostrarnos, o dicho de otro modo, usando el "tú". De esta forma en lugar de decir "yo me sentí molesto con lo que dijiste", y reconocer nuestros sentimientos sin atacar al otro, solemos decir "tus comentarios me molestan". En la primera frase estamos aceptando que nos sentimos molestos nosotros, pero no damos por hecho que sus comentarios sean molestos, sino que nosotros nos hemos sentido así, cosa que además es cierta en tanto que estamos seguros de cómo nos hemos sentido. No ha habido ataque o crítica a la otra persona, solo información. En la segunda frase, en cambio, decidimos no mostrarnos ya que ocultamos como nos hemos sentido al omitir el yo, y hacemos hincapié en la conducta del otro, la cual la consideramos molesta, cuando en realidad lo único que podemos afirmar con seguridad es que al menos a nosotros nos ha hecho sentir molestos. Es la sutil diferencia entre una expresión de cómo nos hemos sentido con el fin de informar sin reprochar nada a la otra persona, y una crítica velada al otro en la que ocultamos como nos sentimos. Suelo animar a hablar sobre aquello que nos hizo sentir mal. Por un lado para ser sinceros con nosotros mismos y no negar o quitar valor a nuestros sentimientos, y por otro para que la otra persona sepa que lo que hizo no nos sentó bien. De esta forma el otro tiene la oportunidad de disculparse e incluso de decidir cambiar en futuras ocasiones que se presenten. Al principio cuesta, sobre todo cuando no estamos acostumbrados. La buena noticia es que es cuestión de práctica, y que puede entrenarse. Así pues, trata de dialogar y expresar cómo te sientes, a ser posible usando el yo. Quien se acostumbre a escucharte sin que le critiques, se sentirá con el derecho a comunicarte también sus sentimientos sin criticarte. Así todos ganamos, y tu autoestima te lo agradecerá. Germnán Diz. Psicólogo y psicoterapeuta


Germán Diz
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