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Que tu felicidad no se rinda

Hace poco tuve una pequeña pérdida. Fue una frustración pequeña, el duelo no duró más de 5 minutos. Pero fue mi duelo, y fueron mis 5 minutos de tristeza por la ilusión pérdida y esa pequeña frustración que acababa de llevarme. En ese momento valoré la calidez de un "te comprendo" y un abrazo que llegaron pronto, y caí en la cuenta que no siempre se tiene la misma suerte. Hay veces en que la gente que nos quiere o incluso nosotros mismos intentamos animar a la persona que está triste y con la mejor de las intenciones decimos frases como "no te preocupes", "no te pongas triste, sonríe" o "se positiva, eso no tiene importancia, ya verás cómo se soluciona todo" que más que animar a la otra persona y a que se sienta comprendida o consolada, pueden hacer que se sienta obligada a dejar de estar triste y a sonreír, para no preocuparnos. A menudo me encuentro en consulta con gente que se ha caído muchas veces, algunas llevándose golpes considerables, y que nunca se ha permitido mostrar tristeza o dolor ante sus seres queridos para no preocuparles. Si no exteriorizamos nuestras pequeñas tristezas diarias, si las guardamos dentro de nosotros, corremos el riesgo de que estás se acaben uniendo a otras y al cabo del tiempo acaben siendo una carga pesada de la que ya sea muy difícil desprenderse. No es raro que al acudir a terapia y comenzar a reconocerlas, aceptarlas, y dejarlas salir, lleguemos a sentirnos mal e incluso egoístas por dar importancia a esos sentimientos negativos, ya que con frases como las anteriores acabamos creyendo que si nos ponemos tristes por “eso” le estamos dando demasiada importancia a algo que no la tiene y estamos preocupando a gente cercana sin necesidad. Es común que gente que durante años no se ha permitido estar triste, sienta una gran sensación de alivio cuando se permite a si misma expresar su tristeza. Y lo cierto es que las personas que de verdad nos quieren van a estar siempre ahí para ayudarnos. Y si en lugar de que nos digan que "no estemos tristes" les pedimos que nos acompañen en nuestra pena, lo harán encantadas. Como ocurre en Del Revés, darnos permiso para sentirnos tristes y mostrar nuestra pena a los demás puede ser la diferencia entre un final triste y un final feliz. No debemos olvidar tampoco lo importante que es dar permiso a los demás para que se sientan tristes y puedan mostrarse apenados ante nosotros. A veces lo que a ellos les hace sentir tristes no es lo que nos apena a nosotros. A veces querer animarles para que dejen de estar tristes y vuelvan a estar felices de nuevo no les ayuda a que olviden sus penas, sino que les carga con la responsabilidad de no poder mostrarse tristes ante nosotros, para no preocuparnos. Doble tristeza. Basta acompañar en esos casos, que sepan que respetamos su momento y que estamos ahí. Recuerda que los momentos de tristeza nos permiten apreciar y valorar mucho más los momentos de felicidad, y que las lágrimas sirven para limpiar los ojos de impurezas y echar fuera lo que ya no nos sirve, por lo que si lloras cuando se marcha el sol, las lágrimas te permitirán ver con mayor nitidez las estrellas. Germán Diz. Psicólogo y psicoterapeuta.


Germán Diz
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