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Los peligros de las generalizaciones

Las personas nos comunicamos de forma verbal y no verbal, y ambas presentan dificultades. Solemos olvidar que una misma palabra puede tener diferentes significados y puede recibir diferentes connotaciones. Incluso puede pasar que alguien use una palabra en un sentido concreto, y otro la escuche como si se hubiera querido decir algo diferente. Y es que las palabras son solo herramientas que se usan para dar y recibir información, por lo que si alguien olvida que las palabras son solo abstracciones, se arriesgará a caer en suposiciones como pensar que un caso es el ejemplo de todos los casos. A veces ocurre con el uso del Quién: "A nadie le gusto" - "Todos los hombres son iguales"; Otras con el uso del Qué: "Nada se hizo bien" - "Todo se hizo mal"; O incluso con el uso del Dónde: "Esto pasa en todos lados"; O con el Cuándo: "Nunca cambias" - "Siempre haces lo mismo"; Existen personas más habituadas que otras a generalizar con regularidad, con lo que corren el riesgo de suponer que los demás compartirán sus percepciones, emociones y pensamientos: "¿Por qué no lo hiciste bien?"; Supondrá que sus percepciones o evaluaciones son completas: "Si, eso ya lo sé"; Que lo que percibe o evalúa no cambiará: "Ella siempre ha sido así"; O que las características que atribuye a las cosas o las personas son parte de ellas: "Él es egoísta". La otra persona podrá responder confirmando o negando tales afirmaciones, pero también podrá pedir al emisor que aclare lo que ha dicho: "¿Qué es lo que hace él que te parece egoísta?" - "¿Hablas de todos los hombres o solo de los hombres que has conocido?"; Y el emisor tendrá una oportunidad para aclarar lo que ha dicho y precisar un poco más, o también puede mantener la confusión: "Sabes perfectamente lo que quiero decir" - "No puedo decirlo más claro" - "Ya me has oído"; puede optar por acusar al receptor: "Parece que tengas problemas de comprensión; o por evadir las preguntas: "Simplemente lo dije para ver como reaccionabas". La cuestión es que todos, tarde o temprano, acabábamos generalizando cuando nos comunicamos, lo cual por cierto es una generalización, valga la redundancia. Pese a todo, esto se hace necesario, ya que estar aclarando constantemente lo que decimos o estar pidiendo aclaraciones constantemente puede resultar tan insano como ineficaz. Las generalizaciones por tanto son malas en exceso, pero son indispensables. El problema más bien está en que a veces no nos damos cuenta que estamos generalizando o basándonos en suposiciones para afirmar algo con rotundidad, o lo que es peor, a veces incluso no decimos nada, pero nos comportamos como si lo hubiéramos dicho. Es entonces cuando se producen verdaderos problemas. Cuida de que eso no ocurra por la salud de tus relaciones. Germán Diz. Psicólogo y psicoterapeuta.


Germán Diz
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