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Pequeñas pérdidas

Suelo encontrarme en consulta con casos en los que la pérdida de una persona querida ha supuesto un golpe tan duro que se acaba necesitando de la ayuda de la psicoterapia para sobreponerse y mirar hacia delante. Quien más y quien menos todos terminamos por experimentar el dolor que supone una pérdida vital, y es que en pocas situaciones las emociones vividas resultan ser tan sentidas como las que se experimentan ante un duelo. Quizá porque no estamos acostumbrados, lo cierto es que en muchas ocasiones hay que hacer verdaderos esfuerzos para sobreponerse a una pérdida. Reflexionando sobre ello compruebo que la propia experiencia de vivir implica, al fin y al cabo, sentir la pérdida de relaciones afectivas importantes para nosotros al tiempo que tenemos que enfrentarnos a ellas. Por lo general durante toda nuestra vida vamos sufriendo pequeñas pérdidas, llamémoslas superficiales. Cosas aparentemente tan mundanas como perder el bus o el metro ya nos suponen un mal rato. Nos preocupamos pensando que lo vamos a perder, tratamos de que no ocurra, sentimos rabia cuando vemos que se va sin nosotros, a los pocos segundos resignación y pena, y muy pronto nos recuperamos de la pérdida, todo en cuestión de segundos. Otro ejemplo podría ser la pérdida de las llaves de casa, inicialmente no le damos importancia, o lo negamos, luego empezamos a temer por la pérdida, comenzamos a buscar, incluso en los sitios donde no debería estar. Y si por suerte aparecen, la sensación de alegría que sentimos es tremenda. Sin duda la sensación de alivio que se experimenta cuando aparecen las llaves en el último momento es considerable. Me pregunto si estás pequeñas pérdidas no serán pequeñas pruebas que nos sirven de entrenamiento para estar preparados ante pérdidas más grandes y profundas. A lo largo de nuestra vida vamos experimentando pérdidas, inicialmente más fáciles de sobrellevar, y paulatinamente se van convirtiendo en pérdidas más profundas y dolorosas. La caída de los primeros dientes cuando somos niños es ya una pérdida por la que todos tenemos que pasar, pues algo nuestro se va para siempre. También se dan otras pérdidas como la primera ruptura amorosa o incluso el divorcio, la pérdida de un empleo, la pérdida de una mascota, etc. Y sin embargo, en todas las pérdidas que sufrimos durante la vida, siempre tenemos la oportunidad de aprender a seguir viviendo sin aquello que perdimos, siendo, quien sabe, una forma sutil con la que poder prepararnos para afrontar la pérdida de nuestros seres más queridos, y esto a su vez es una manera de permitirnos afrontar la pérdida más importante, la de nuestra propia vida. Germán Diz. Psicólogo y psicoterapeuta.


Germán Diz
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