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Gestores de personas

Hay empresas familiares y empresas que valoran un clima cercano y casi familiar entre los empleados. También hay familias que buscan el bien común y familias en la que se valora la obtención de beneficios como si fueran una empresa. En las empresas hay jefes y subordinados, en las familias padres e hijos, y en todos los casos hay personas que mandan y personas que obedecen. Gestionar bien esto último es, sobre todo cuando se manda, casi un arte. No es fácil ser un líder. En los últimos años hemos experimentado una importante crisis de liderazgo en la familia. Los métodos coercitivos, las amenazas y sobre todo los castigos físicos han perdido su sentido a día de hoy. Ahora se predica el diálogo con los hijos frente a la imposición de antaño, y pese a que casi nadie pone en duda que hemos avanzado dejando atrás aquellos métodos, lo cierto es que muchos niños parecen carecer de los valores y la implicación que tuvieron sus padres décadas atrás. ¿Qué ha pasado entonces? Probablemente haya falta de liderazgo en la familia. Soy de los que piensan que el liderazgo en la empresa por parte de los jefes ha de ser visto de la misma forma que se plantea el tema del liderazgo en la familia. Y es que existen muchas semejanzas. Partiendo de la base de que el liderazgo es influencia, si los hijos tienen una serie de tareas por hacer, no basta con decirles que esas son sus obligaciones y que hasta que no las acaben no salen, hay que hacerles ver tanto los motivos como las consecuencias de realizar bien las que son sus tareas, y tratar de que las sientan suyas. Con los empleados pasa exactamente lo mismo, hay que lograr que los subordinados se comprometan realmente a hacer su trabajo, convencidos de que es lo mejor, en un contexto de confianza mutua y no porque simplemente se les haya dicho que eso es lo que tienen que hacer. El apoyo incondicional es vital cuando encomendamos a alguien una tarea. Cierto que esa persona podrá equivocarse y tendrá que aceptar las consecuencias de su error pero la confianza que ponemos en él antes de realizar la tarea encomendada tiene que ser incondicional, y no puesta en duda su valía antes de que realice la tarea. Por eso es él y no otro a quien se la encomendamos. Germán Diz. Psicólogo y psicoterapeuta.


Germán Diz
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