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Haz lo que digo pero no lo que hago

Suele ocurrir que nos cuesta caer en la cuenta de la importancia que tiene lo que hacemos, pese a que tendamos a pensar lo contrario. El ejemplo más claro y conocido es cuando un padre dice gritando a su hijo: “no grites”, de forma que el niño está recibiendo el mensaje “haz lo que digo, no lo que hago”, lo cual es tan paradójico y confuso como poco pedagógico. Puede que en ese preciso momento actuar así resulte útil porque hayamos conseguido lo que pretendíamos, pero por lo que sabemos también sería igual de útil decirle al niño, en voz baja, con cariño y con firmeza, que no grite. Siguiendo con la misma idea, no es raro que vengan padres a mi consulta para decirme, preocupados, que su hijo adolescente no les cuenta nada y que quieren saber qué tienen que hacer para que se abra más y les cuente qué hace, a donde va, con quien está, que desea, etc…, y que en definitiva haya más comunicación entre ambos. Por lo general los padres suelen olvidar que una vez llega la adolescencia el hijo lo que busca y necesita es separarse de sus padres y pasar a relacionarse con un grupo de iguales. Obviamente no solo no tendrá ningún interés en contarle todo lo que hace a sus padres sino que en realidad suele ser deseable para el desarrollo de la personalidad del adolescente que esto sea así. Huelga decir que a muchos padres también les puede convenir no saberlo todo. Y cuando decía que suelen olvidar todo esto es para resaltar que ellos también fueron adolescentes. Independientemente de eso, una de las cosas más curiosas de estos casos es que los padres suelen sorprenderse cuando les pregunto qué aspectos de su vida comparten ellos, por propia iniciativa, con su hijo. Y es que no suele ser raro que no solo no se hayan animado a compartir nada, sino que hasta la pregunta les pille por sorpresa. Ni se lo habían planteado. Estamos de nuevo ante el ejemplo anterior, quiero que me cuentes cosas de tu vida, pero yo no pienso contarte cosas de la mía. En otras palabras, haz lo que digo pero no hagas lo que yo hago. Si bien cuando son pequeños la relación suele ser unidireccional en el sentido que el niño nos cuenta sus cosas del cole pero los padres no le cuentan sus cosas del trabajo, llega un momento en el que el adolescente entiende que las cosas relativas a la vida de uno no deben contarse en casa, porque desde luego sus padres no lo han hecho nunca con él. Hay padres que con mucho sentido común comentan que si no le cuentan nada es porque no quieren cargar a su hijo con sus preocupaciones y problemas, y que además no los va a comprender. ¿Pero que les hace pensar que su hijo no está pensando exactamente lo mismo? Así pues, una solución para animar a nuestros hijos a que nos cuenten sus cosas es predicar con el ejemplo comenzando nosotros a contarles parte de las nuestras. Por supuesto que tenemos preocupaciones que podemos compartir con nuestros hijos, o incluso anécdotas de cosas que hemos hecho con nuestros amigos. Se trata de dar pequeños pasos en la misma dirección que queremos que se mueva nuestro hijo, que una vez llega a la adolescencia comienza a dejar de ser un niño para empezar a ser un adulto. Germán Diz. Psicólogo y psicoterapeuta.


Germán Diz
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